Hay lugares que no se anuncian, se descubren.
Y este rincón, escondido entre el rumor del puerto y el olor a sal, lleva años siendo eso: un secreto a voces donde más de uno ha venido a buscar arte servido en plato. Ahora abre sus puertas a un nuevo rumbo, a quien quiera seguir escribiendo su historia.
El local cuenta con unos generosos 400 metros que respiran calma y oficio.
En la zona principal, unos 95 metros de sala y cocina donde aún se siente el compás de los servicios bien gozados. La cocina queda equipada, con su maquinaria lista y una parrilla de obra hecha a medida 300x100 que ha visto pasar brasas y sueños a partes iguales.
La sala, amplia y cómoda, se refresca con un aire acondicionado Mundoclima Split tipo suelotecho MUSTRH14 Airzone, de esos que no fallan ni en agosto. Y cuando llega el frío, la chimenea prende el ambiente con ese calor que solo una candela sabe dar.
A un lado, otros 150 metros hoy usados como almacén y bodega, con sus aseos, esperando a quien quiera convertirlos en salón, espacio privado o lo que dicte la imaginación.
Y al cruzar la puerta del patio te verás envuelto en la sombra de la buganvilla, a la vera de una fuente y a orillas del Guadalete.
Un suelo de albero, arriates llenos de plantas y árboles frutales que te harán olvidar un lunes de oficina.
Este espacio es un pequeño refugio donde el tiempo se afloja y el aire huele a mar, a dos pasos de la estación del catamarán.
Este traspaso no es solo un local: es una casa con alma, con un pasado que ha brillado más de lo que se dice y un futuro que pide nuevas manos que lo mimen, lo quieran y lo entiendan.
